Los primeros cinco años en la vida de un niño son una etapa crítica de desarrollo físico, emocional, social y cognoscitivo. Durante esta etapa, los niños desarrollan las destrezas del lenguaje, el razonamiento, las aptitudes emocionales y sociales que van a necesitar por el resto de sus vidas. Los niños llegan al mundo con muchas necesidades para poder crecer: amor, nutrición, seguridad social y emotiva, y estimulación de las destrezas importantes que los prepararán para el éxito escolar. Los niños también llegan al mundo con una gran capacidad para aprender.
Las investigaciones científicas demuestran claramente que los niños son mucho más aptos a tener éxito en el aprendizaje cuando sus familias los apoyan activamente. Las familias que involucran a sus niños en las actividades que les permiten hablar, explorar, experimentar y soñar, les demuestran que el aprendizaje no es sólo placentero sino también importante. Estas familias motivan a sus hijos a disfrutar el aprendizaje y a querer aprender más. Los preparan para tener éxito en la escuela y en la vida.
Existe una fuerte relación entre el desarrollo que un niño logra temprano en su vida y el nivel de éxito que tendrá más tarde en la vida. Cuando a los niños pequeños se les ofrece un ambiente rico en lenguaje e interacciones literarias, lleno de oportunidades para escuchar y hacer uso constante del lenguaje, ellos comienzan a adquirir los fundamentos esenciales para poder aprender a leer. Un niño que entra a la escuela sin estas destrezas corre el grave riesgo de comenzar atrasado y de seguirse atrasando en su aprendizaje.
Los investigadores científicos que estudian cómo funciona el cerebro han demostrado que los niños aprenden mucho más temprano - y mucho más - de lo que antes pensábamos fuera posible. Es deber de los padres apoyarlos en su aprendizaje y ayudarlos a crecer física, emocional y mentalmente sanos.
martes, 3 de agosto de 2010
viernes, 25 de junio de 2010
Las 12 formas más negativas
1. Regaños insistentes: evita llamarle la atención al niño por una misma falta un sin número de veces, pues el regaño perderá efecto.
2. Ruegos y súplicas: evita emplear frases como esta “por favor! Te suplico que seas considerado y no te pelees con tu hermano porque me duele la cabeza”.
3. Amenazas: no utilices amenazas que no estés dispuesto a cumplir; perderías respeto y autoridad.
4. Preguntas retóricas: “¿cuántas veces necesito decirte que hagas la tarea?
5. Ataques hostiles: “realmente eres un niño muy malo, siempre estás ocasionándome muchos problemas”.
6. Discursos: no emplees interminables discursos. El niño se cansará y dejará de escucharte, y tú perderás.
7. Regaños en público: uno de los peores errores consiste en regañar al niño delante de sus amigos u otras personas cercanas, ya que esto le provocará mucho resentimiento contra ti.
8. Gritos: los gritos son para el niño una señal de que tú has perdido el control de la situación. Cálmate.
9. Pasar por alto: nunca pases por alto un mal comportamiento por más trivial que parezca pues esto lo indisciplina.
10. Comparaciones: “tu hermana/prima/vecino siempre cuida su ropa, ¿por qué tú eres tan sucio y descuidado? ¿qué no puedes hacer lo mismo?”
11. Recuerdos imborrables: trata de no traer a la memoria las faltas que el niño haya cometido en el pasado.
12. Castigo desmedido: evita que el castigo supere con creces la falta cometida.
2. Ruegos y súplicas: evita emplear frases como esta “por favor! Te suplico que seas considerado y no te pelees con tu hermano porque me duele la cabeza”.
3. Amenazas: no utilices amenazas que no estés dispuesto a cumplir; perderías respeto y autoridad.
4. Preguntas retóricas: “¿cuántas veces necesito decirte que hagas la tarea?
5. Ataques hostiles: “realmente eres un niño muy malo, siempre estás ocasionándome muchos problemas”.
6. Discursos: no emplees interminables discursos. El niño se cansará y dejará de escucharte, y tú perderás.
7. Regaños en público: uno de los peores errores consiste en regañar al niño delante de sus amigos u otras personas cercanas, ya que esto le provocará mucho resentimiento contra ti.
8. Gritos: los gritos son para el niño una señal de que tú has perdido el control de la situación. Cálmate.
9. Pasar por alto: nunca pases por alto un mal comportamiento por más trivial que parezca pues esto lo indisciplina.
10. Comparaciones: “tu hermana/prima/vecino siempre cuida su ropa, ¿por qué tú eres tan sucio y descuidado? ¿qué no puedes hacer lo mismo?”
11. Recuerdos imborrables: trata de no traer a la memoria las faltas que el niño haya cometido en el pasado.
12. Castigo desmedido: evita que el castigo supere con creces la falta cometida.
martes, 8 de junio de 2010
¿Qué hay que hacer para que toda la familia duerma bien?
De vez en cuando se puede alterar la rutina y dormir todos juntos, sea porque el pequeño esta enfermo o tuvo un mal día o simplemente porque nos guste ver una película todos juntos, él entiende que es una excepción.
Pero en mitad de la noche debemos llevar al pequeño a su cama, cuando estaba calentito al lado nuestro.
¿Por qué es tan importante que cada uno duerma en su cama?
Simplemente porque la manera de dormir es parte de la educación que les estamos dando. Debemos lograr que duerman bien, de la misma manera que nos ocupamos de que se alimenten bien. Dormir tranquilos en su cama, luego de que les hayamos cantado o contado un cuento y que no se levanten durante la noche, es lo mismo que darles una dieta saludable.
Pero lleva tiempo que duerman solitos, como también lleva su tiempo que coman verduras.
Es recomendable que los padres actúen según lo que consideren que es correcto. Por ejemplo, en muchas sociedades de oriente el bebé duerme con los padres porque se considera que son ajenos a la familia y que deben integrarse a ella. En cambio, en occidente el bebé es parte de la familia desde el momento que está en la panza de la madre y lo educamos para que pueda salir al mundo.
Si les permitimos dormir con nosotros por algún motivo especial y les aclaramos que es una excepción, no hay ningún problema. Pero estamos cometiendo un error si lo hacemos por impotencia o comodidad. Asimismo, podemos estar ocultando otros motivos que a simple vista no vemos, desde algún temor con respecto al pequeño, hasta evitar el sexo con la pareja (una mejor excusa que el dolor de cabeza).
Para los chicos la cama de papá y mamá es inmensa, distinta a la suya y con un atractivo que no se puede resistir. Allí duerme la mamá con la que todavía, a esta edad, los lazos son muy fuertes. También ahí es donde duerme el padre y él sabe que esa cama tan grande es el espacio de la relación entre sus padres que lo excluye a él. No es una labor de un día, tienen que aceptarlo y respetarlo.
Además de que se pueden hacer excepciones, si el pequeño sabe cual es su lugar pero por momentos quiere dormir con los padres no hay de que preocuparse. Una cama tan grande también sirve para compartir momentos todos juntos viendo videos, desayunando y alguna que otra vez, por qué no, durmiendo, si el niño está enfermo o ha ocurrido una desgracia familiar.
¿Qué hay que hacer para que toda la familia duerma bien?
Irse a dormir es una separación, por lo tanto, es una despedida hasta la mañana siguiente. Para dormir solito, el pequeño debe estar preparado y para ello está el día.
Si le permitimos jugar solito a ratos en el cuarto mientras nosotros estamos haciendo otras cosas en otra parte de la casa, si podemos brindarles seguridad sin estar pegados a él, también se va a sentir seguro durmiendo solo en su cama mientras los padres disfrutan de la suya y no dependerá de ellos para dormir tranquilo.
Debemos tratar de que para el pequeño su cuarto sea acogedor y confortable, el lugar de la casa donde están sus pertenencias, donde pasa buenos ratos solo y con nosotros. Todo eso ayudara mucho a que duerma mejor.
Si a pesar de estos consejos, el niño sigue despertándose a la noche para colarse en nuestra cama, lo mejor es acompañarlos de vuelta a la suya con palabras de cariño, sin gritos ni reproches.
No es bueno dormir con los padres
Para los niños es una maravilla dormir con sus papás. Pero si ese hábito se convierte en una rutina, puede haber consecuencias no muy agradables. Dormir en la cama de los padres generalmente está contraindicado. Es necesario enseñar a los niños nociones de privacidad desde la más temprana edad. Cuando es todavía un bebé se puede hacer algunas concesiones, pero a partir de los 3 años de edad, dormir con los padres, puede hacer con que el niño o la niña no desarrolle su individualidad ni la seguridad en sí mismo. Se puede convertirse en un niño dependiente, e inseguro.
¿Puedo dormir aquí?
Muchos niños sufren por la noche, con los miedos a la oscuridad, a los imaginables "monstruos", etc. El niño debe aprender a superar sus miedos, con la ayuda de sus padres. Y esta ayuda consiste en hacer con que el niño se enfrente y no huya de la situación. Hay que tener mucha paciencia, pero también mucha firmeza y persistencia. Todo es una cuestión de tiempo. Cuando el niño tenga miedo es preferible que te quedes un rato en su cama para tranquilizarlo que llevarlo a la cama de los papás.
Dormir en su habitación, para ellos, es estar "lejos" de papá y de mamá. Es separarse de ellos.
La hora de dormir es entendida por ellos como la hora de separarse de los padres, de sus hermanos, de sus juguetes, y de todo lo que podría estar haciendo. Esta es la razón por la que la mayoría de los niños se vaya a la cama siempre protestando. Por eso, como cualquier otra necesidad, el dormir solo también se aprende. Lo ideal es que entre los tres y los seis meses de edad el niño ya esté durmiendo solo o con sus hermanos. Para los niños eso significa dar un paso a la autonomía; para los padres es recuperar intimidad. Superada esta primera etapa, podrá aparecer otras. Por ejemplo: cuando el niño ya consigue salir de la cuna y camina. Esta otra etapa suele aparecer entre los 12 y los 18 meses de edad. Luego, la conocida ansiedad de separación irá decreciendo poco a poco a los tres años de edad. Y a los cuatro años empezarán a aceptar la separación parcial de sus padres porque a esta edad ya van al colegio, y van a jugar a la casa de amiguitos.
Pero en mitad de la noche debemos llevar al pequeño a su cama, cuando estaba calentito al lado nuestro.
¿Por qué es tan importante que cada uno duerma en su cama?
Simplemente porque la manera de dormir es parte de la educación que les estamos dando. Debemos lograr que duerman bien, de la misma manera que nos ocupamos de que se alimenten bien. Dormir tranquilos en su cama, luego de que les hayamos cantado o contado un cuento y que no se levanten durante la noche, es lo mismo que darles una dieta saludable.
Pero lleva tiempo que duerman solitos, como también lleva su tiempo que coman verduras.
Es recomendable que los padres actúen según lo que consideren que es correcto. Por ejemplo, en muchas sociedades de oriente el bebé duerme con los padres porque se considera que son ajenos a la familia y que deben integrarse a ella. En cambio, en occidente el bebé es parte de la familia desde el momento que está en la panza de la madre y lo educamos para que pueda salir al mundo.
Si les permitimos dormir con nosotros por algún motivo especial y les aclaramos que es una excepción, no hay ningún problema. Pero estamos cometiendo un error si lo hacemos por impotencia o comodidad. Asimismo, podemos estar ocultando otros motivos que a simple vista no vemos, desde algún temor con respecto al pequeño, hasta evitar el sexo con la pareja (una mejor excusa que el dolor de cabeza).
Para los chicos la cama de papá y mamá es inmensa, distinta a la suya y con un atractivo que no se puede resistir. Allí duerme la mamá con la que todavía, a esta edad, los lazos son muy fuertes. También ahí es donde duerme el padre y él sabe que esa cama tan grande es el espacio de la relación entre sus padres que lo excluye a él. No es una labor de un día, tienen que aceptarlo y respetarlo.
Además de que se pueden hacer excepciones, si el pequeño sabe cual es su lugar pero por momentos quiere dormir con los padres no hay de que preocuparse. Una cama tan grande también sirve para compartir momentos todos juntos viendo videos, desayunando y alguna que otra vez, por qué no, durmiendo, si el niño está enfermo o ha ocurrido una desgracia familiar.
¿Qué hay que hacer para que toda la familia duerma bien?
Irse a dormir es una separación, por lo tanto, es una despedida hasta la mañana siguiente. Para dormir solito, el pequeño debe estar preparado y para ello está el día.
Si le permitimos jugar solito a ratos en el cuarto mientras nosotros estamos haciendo otras cosas en otra parte de la casa, si podemos brindarles seguridad sin estar pegados a él, también se va a sentir seguro durmiendo solo en su cama mientras los padres disfrutan de la suya y no dependerá de ellos para dormir tranquilo.
Debemos tratar de que para el pequeño su cuarto sea acogedor y confortable, el lugar de la casa donde están sus pertenencias, donde pasa buenos ratos solo y con nosotros. Todo eso ayudara mucho a que duerma mejor.
Si a pesar de estos consejos, el niño sigue despertándose a la noche para colarse en nuestra cama, lo mejor es acompañarlos de vuelta a la suya con palabras de cariño, sin gritos ni reproches.
No es bueno dormir con los padres
Para los niños es una maravilla dormir con sus papás. Pero si ese hábito se convierte en una rutina, puede haber consecuencias no muy agradables. Dormir en la cama de los padres generalmente está contraindicado. Es necesario enseñar a los niños nociones de privacidad desde la más temprana edad. Cuando es todavía un bebé se puede hacer algunas concesiones, pero a partir de los 3 años de edad, dormir con los padres, puede hacer con que el niño o la niña no desarrolle su individualidad ni la seguridad en sí mismo. Se puede convertirse en un niño dependiente, e inseguro.
¿Puedo dormir aquí?
Muchos niños sufren por la noche, con los miedos a la oscuridad, a los imaginables "monstruos", etc. El niño debe aprender a superar sus miedos, con la ayuda de sus padres. Y esta ayuda consiste en hacer con que el niño se enfrente y no huya de la situación. Hay que tener mucha paciencia, pero también mucha firmeza y persistencia. Todo es una cuestión de tiempo. Cuando el niño tenga miedo es preferible que te quedes un rato en su cama para tranquilizarlo que llevarlo a la cama de los papás.
Dormir en su habitación, para ellos, es estar "lejos" de papá y de mamá. Es separarse de ellos.
La hora de dormir es entendida por ellos como la hora de separarse de los padres, de sus hermanos, de sus juguetes, y de todo lo que podría estar haciendo. Esta es la razón por la que la mayoría de los niños se vaya a la cama siempre protestando. Por eso, como cualquier otra necesidad, el dormir solo también se aprende. Lo ideal es que entre los tres y los seis meses de edad el niño ya esté durmiendo solo o con sus hermanos. Para los niños eso significa dar un paso a la autonomía; para los padres es recuperar intimidad. Superada esta primera etapa, podrá aparecer otras. Por ejemplo: cuando el niño ya consigue salir de la cuna y camina. Esta otra etapa suele aparecer entre los 12 y los 18 meses de edad. Luego, la conocida ansiedad de separación irá decreciendo poco a poco a los tres años de edad. Y a los cuatro años empezarán a aceptar la separación parcial de sus padres porque a esta edad ya van al colegio, y van a jugar a la casa de amiguitos.
lunes, 26 de abril de 2010
Disciplina
Durante la infancia una tarea primordial de los padres es satisfacer las necesidades del niño. Aun cuando no se deben utilizar “técnicas” disciplinarias, con frecuencia observamos la operación de la disciplina una vez que el niño adquiere mayor movilidad. Conforme el niño empieza a gatear, ciertas cosas se volverán prohibiciones para él. En ocasiones, el cumplimiento de necesidades tales como la alimentación puede ser momentáneamente retrasada, con lo que el niño aprende a esperar, aun cuando la espera sea por espacio muy corto de tiempo.
Entre los 15 y los 18 meses de edad el niño empieza a adquirir su propia personalidad y adquiere cada vez mayor capacidad de hacer la vida difícil cuando su voluntad se opone a la de sus padres. Aun en esta etapa, el niño no es lo suficientemente maduro, tanto emocional como físicamente para tratar con métodos de disciplina, los cuales serán efectivos una vez que el niño llegue a la etapa preescolar. El niño de 15 a 18 meses carece de las habilidades de lenguaje y razonamiento así como el de auto-control necesarios para experimentar tales métodos.
Antes de pensar en la aplicación de dichos métodos disciplinarios con un niño entre los 15 y 18 meses de edad, es muy importante que los padres entiendan claramente las habilidades individuales, tanto físicas como emocionales así como la propia personalidad del niño. Es un error muy común de los padres que tienen hijos de esta edad hacer un juicio equivocado de las capacidades de sus hijos cuando deciden que ha llegado el momento de formar la mentalidad del niño. Al hacerlo, crean una situación que es frustrante tanto para ellos como para su hijo.
El niño entre lo 15 y 18 meses está lleno de frustración y su capacidad de lenguaje no está lo suficientemente desarrollada para poder expresar sus principales deseos y necesidades, muchos de los cuales le son negados de antemano. En consecuencia, los berrinches complicarán la capacidad del niño para sobrellevar la frustración extra de los padres al querer imponer su voluntad sobre el niño.
Le sugerimos los siguientes métodos para tratar con situaciones que impliquen un conflicto entre los padres y el niño durante esta etapa. Cuando ocurra un conflicto:
1. Cambien la escena cuantas veces sea posible. Mueva al niño hacia un lugar diferente y distraiga su atención hacia un objeto o una acción diferentes.
2. Entretenga al niño en algún tipo de actividad que tenga movimiento. Esto no quiere decir que el niño necesariamente tenga que moverse. A esta edad el niño disfruta de largos paseos en coche o a pie, lo que representa un constante movimiento. Igualmente efectivas son aquellas actividades en las que el niño pueda pasar largos ratos brincando o balanceándose.
3. Sea flexible tanto en sus horarios como en los de su hijo.
4. Trate de permanecer calmado y objetivo.
Los conflictos pueden reducirse al mínimo planeando las cosas de antemano y conociendo realmente a su hijo. Trate que la vida sea lo más confortable posible para su niño, sobre todo a esta edad. Cuantas veces sea posible. Controle sus alrededores de manera que el niño no llegue al límite de su paciencia. Si su hijo ha elegido una forma de desahogarse, como podría establecer un lazo efectivo en particular con algún objeto, lo mejor es no interrumpirlo. Sin embargo, lo más importante es que usted sea realista en aquello que espera de su hijo y sus habilidades.
Entre los 15 y los 18 meses de edad el niño empieza a adquirir su propia personalidad y adquiere cada vez mayor capacidad de hacer la vida difícil cuando su voluntad se opone a la de sus padres. Aun en esta etapa, el niño no es lo suficientemente maduro, tanto emocional como físicamente para tratar con métodos de disciplina, los cuales serán efectivos una vez que el niño llegue a la etapa preescolar. El niño de 15 a 18 meses carece de las habilidades de lenguaje y razonamiento así como el de auto-control necesarios para experimentar tales métodos.
Antes de pensar en la aplicación de dichos métodos disciplinarios con un niño entre los 15 y 18 meses de edad, es muy importante que los padres entiendan claramente las habilidades individuales, tanto físicas como emocionales así como la propia personalidad del niño. Es un error muy común de los padres que tienen hijos de esta edad hacer un juicio equivocado de las capacidades de sus hijos cuando deciden que ha llegado el momento de formar la mentalidad del niño. Al hacerlo, crean una situación que es frustrante tanto para ellos como para su hijo.
El niño entre lo 15 y 18 meses está lleno de frustración y su capacidad de lenguaje no está lo suficientemente desarrollada para poder expresar sus principales deseos y necesidades, muchos de los cuales le son negados de antemano. En consecuencia, los berrinches complicarán la capacidad del niño para sobrellevar la frustración extra de los padres al querer imponer su voluntad sobre el niño.
Le sugerimos los siguientes métodos para tratar con situaciones que impliquen un conflicto entre los padres y el niño durante esta etapa. Cuando ocurra un conflicto:
1. Cambien la escena cuantas veces sea posible. Mueva al niño hacia un lugar diferente y distraiga su atención hacia un objeto o una acción diferentes.
2. Entretenga al niño en algún tipo de actividad que tenga movimiento. Esto no quiere decir que el niño necesariamente tenga que moverse. A esta edad el niño disfruta de largos paseos en coche o a pie, lo que representa un constante movimiento. Igualmente efectivas son aquellas actividades en las que el niño pueda pasar largos ratos brincando o balanceándose.
3. Sea flexible tanto en sus horarios como en los de su hijo.
4. Trate de permanecer calmado y objetivo.
Los conflictos pueden reducirse al mínimo planeando las cosas de antemano y conociendo realmente a su hijo. Trate que la vida sea lo más confortable posible para su niño, sobre todo a esta edad. Cuantas veces sea posible. Controle sus alrededores de manera que el niño no llegue al límite de su paciencia. Si su hijo ha elegido una forma de desahogarse, como podría establecer un lazo efectivo en particular con algún objeto, lo mejor es no interrumpirlo. Sin embargo, lo más importante es que usted sea realista en aquello que espera de su hijo y sus habilidades.
martes, 6 de abril de 2010
Ataques de mal genio en niños
Por Sandra Schaffer
1. Si tú estás en la casa y me da un ataque de cólera, ignórame o álzame calmado y ponme en un cuarto. Sácame apenas termine el ataque.
2. No te pongas en concurso de gritar conmigo ni me pegues, porque te estoy viendo y soy muy buen imitador.
3. Si te pego, firmemente pon tus brazos alrededor de los míos y háblame en voz baja y calmada. Así sabré que todo el mundo no está fuera de control y puedo volverme a controlar yo solo. Esto funciona muy bien en lugares públicos.
4. Si estoy de mal humor, déjame hacer algunos errores y luego corrígelos. Si tengo algunas alternativas no me sentiré tan enojado. Entonces los dos ganamos.
5. Si te ordeno que “te vayas” cuando estoy tan enojado, hazlo pues necesito espacio y no me sentiré culpable más tarde porque no lo estoy.
6. Premia mis comportamientos cooperativos en lugar de los que demando, y mis conductas independientes en lugar de las dependientes.
7. Para mi agresión, pero no me castigues a mi o a mis sentimientos hostiles que se quedarán encerrados.
8. No esperes el comportamiento maduro más allá de mi edad.
9. Mantén las reglas mínimas, pero dímelas claramente.
10. Mantén siempre tu sentido del humor conmigo.
11. El pegarme o golpearme me enseña a tenerte miedo, a pegarle a otros, o a andar haciendo cosas a escondidas la próxima vez.
12. Retiro de amor me dice que mi valor es condicional, y que solo me quieres cuando “soy bueno”.
13. El regañarme me hace sentir vergonzoso y rechazado, sobre todo si lo haces frente a otros.
14. Ten la seguridad de que me tome bastante descanso y un ambiente calmado y relajado que combine con cortos periodos de juego, para que yo no me frustre.
15. Háblame de tus sentimientos de enojo para que yo aprenda que las palabras trabajan tan bien como la acción y que tú también eres humana/o y puedes controlarte.
Si haces todo esto, dejaré el deseo de hacer lo que yo quiera de tu cariño. Sé constante desde el principio para que mi cambio valga la pena!
1. Si tú estás en la casa y me da un ataque de cólera, ignórame o álzame calmado y ponme en un cuarto. Sácame apenas termine el ataque.
2. No te pongas en concurso de gritar conmigo ni me pegues, porque te estoy viendo y soy muy buen imitador.
3. Si te pego, firmemente pon tus brazos alrededor de los míos y háblame en voz baja y calmada. Así sabré que todo el mundo no está fuera de control y puedo volverme a controlar yo solo. Esto funciona muy bien en lugares públicos.
4. Si estoy de mal humor, déjame hacer algunos errores y luego corrígelos. Si tengo algunas alternativas no me sentiré tan enojado. Entonces los dos ganamos.
5. Si te ordeno que “te vayas” cuando estoy tan enojado, hazlo pues necesito espacio y no me sentiré culpable más tarde porque no lo estoy.
6. Premia mis comportamientos cooperativos en lugar de los que demando, y mis conductas independientes en lugar de las dependientes.
7. Para mi agresión, pero no me castigues a mi o a mis sentimientos hostiles que se quedarán encerrados.
8. No esperes el comportamiento maduro más allá de mi edad.
9. Mantén las reglas mínimas, pero dímelas claramente.
10. Mantén siempre tu sentido del humor conmigo.
11. El pegarme o golpearme me enseña a tenerte miedo, a pegarle a otros, o a andar haciendo cosas a escondidas la próxima vez.
12. Retiro de amor me dice que mi valor es condicional, y que solo me quieres cuando “soy bueno”.
13. El regañarme me hace sentir vergonzoso y rechazado, sobre todo si lo haces frente a otros.
14. Ten la seguridad de que me tome bastante descanso y un ambiente calmado y relajado que combine con cortos periodos de juego, para que yo no me frustre.
15. Háblame de tus sentimientos de enojo para que yo aprenda que las palabras trabajan tan bien como la acción y que tú también eres humana/o y puedes controlarte.
Si haces todo esto, dejaré el deseo de hacer lo que yo quiera de tu cariño. Sé constante desde el principio para que mi cambio valga la pena!
lunes, 22 de febrero de 2010
¿Tu hijo tiene un bajo rendimiento escolar y no sabes por qué?
Madres y Padres esperamos que nuestros hijos aprendan sin grandes dificultades, que sus resultados sean buenos y que paulatinamente vayan adquiriendo responsabilidades en torno a sus tareas escolares Esperamos que este sea un proceso natural y exitoso, pero esto no siempre es así.
Existen distintos tipos de razones que pueden interferir significativamente con el aprendizaje de nuestros hijos:
Problemas propios de cada niño, situaciones del entorno familiar o del ámbito escolar.
Existen múltiples problemas que pueden determinar el bajo rendimiento de los niños. Las más frecuentes son.
l. Problemas emocionales
2. Problemas sensoriales
3. Problemas específicos de aprendizaje.
Dependiendo de la causa el niño necesitarás apoyo psicopedagógico para superar las dificultades.
Los síntomas mas frecuentes son:
• No completa sus trabajos
• Tarda más que la mayoría de los niños en hablar.
• Presenta problemas de pronunciación
• Tiene vocabulario pobre.
• Muestra dificultad para aprender colores, formas , números.
• Presenta dificultades en la coordinación vasomotora (dibujos pobres, mal realizados de acuerdo con su edad.
• Presenta dificultades de concentración y atención (por ejemplo, no termina las tareas).
• Su atención es variable.
• Le cuesta trabajo seguir instrucciones
• Le cuesta organizar su actividad,
• Actúa como si tuviese un “motor” interno que no para (caso de hiperactividad).
• Se tarda mucho para realizar una tarea.
• Estudia y le va mal en sus exámenes porque no recuerda la información o no lee las preguntas .
• Pierde cosas
• No participa
• Se esfuerza y no obtiene una mejoría.
• Presenta angustia o rechazo hacia la tarea escolar.
• Está perdido, en las clases
• Tiene “cuadernos en blanco”, no tiene su material.
• No logra mantener la información relativamente ordenada.
• Muestra sentimientos de incapacidad frente a las obligaciones.
Si notamos que a pesar de su esfuerzo el rendimiento de nuestro hijo no mejora, es importante consultar a un especialista.
Mtra. Sandra Schaffer
Directora de Psicoaprende
Existen distintos tipos de razones que pueden interferir significativamente con el aprendizaje de nuestros hijos:
Problemas propios de cada niño, situaciones del entorno familiar o del ámbito escolar.
Existen múltiples problemas que pueden determinar el bajo rendimiento de los niños. Las más frecuentes son.
l. Problemas emocionales
2. Problemas sensoriales
3. Problemas específicos de aprendizaje.
Dependiendo de la causa el niño necesitarás apoyo psicopedagógico para superar las dificultades.
Los síntomas mas frecuentes son:
• No completa sus trabajos
• Tarda más que la mayoría de los niños en hablar.
• Presenta problemas de pronunciación
• Tiene vocabulario pobre.
• Muestra dificultad para aprender colores, formas , números.
• Presenta dificultades en la coordinación vasomotora (dibujos pobres, mal realizados de acuerdo con su edad.
• Presenta dificultades de concentración y atención (por ejemplo, no termina las tareas).
• Su atención es variable.
• Le cuesta trabajo seguir instrucciones
• Le cuesta organizar su actividad,
• Actúa como si tuviese un “motor” interno que no para (caso de hiperactividad).
• Se tarda mucho para realizar una tarea.
• Estudia y le va mal en sus exámenes porque no recuerda la información o no lee las preguntas .
• Pierde cosas
• No participa
• Se esfuerza y no obtiene una mejoría.
• Presenta angustia o rechazo hacia la tarea escolar.
• Está perdido, en las clases
• Tiene “cuadernos en blanco”, no tiene su material.
• No logra mantener la información relativamente ordenada.
• Muestra sentimientos de incapacidad frente a las obligaciones.
Si notamos que a pesar de su esfuerzo el rendimiento de nuestro hijo no mejora, es importante consultar a un especialista.
Mtra. Sandra Schaffer
Directora de Psicoaprende
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