Durante la infancia una tarea primordial de los padres es satisfacer las necesidades del niño. Aun cuando no se deben utilizar “técnicas” disciplinarias, con frecuencia observamos la operación de la disciplina una vez que el niño adquiere mayor movilidad. Conforme el niño empieza a gatear, ciertas cosas se volverán prohibiciones para él. En ocasiones, el cumplimiento de necesidades tales como la alimentación puede ser momentáneamente retrasada, con lo que el niño aprende a esperar, aun cuando la espera sea por espacio muy corto de tiempo.
Entre los 15 y los 18 meses de edad el niño empieza a adquirir su propia personalidad y adquiere cada vez mayor capacidad de hacer la vida difícil cuando su voluntad se opone a la de sus padres. Aun en esta etapa, el niño no es lo suficientemente maduro, tanto emocional como físicamente para tratar con métodos de disciplina, los cuales serán efectivos una vez que el niño llegue a la etapa preescolar. El niño de 15 a 18 meses carece de las habilidades de lenguaje y razonamiento así como el de auto-control necesarios para experimentar tales métodos.
Antes de pensar en la aplicación de dichos métodos disciplinarios con un niño entre los 15 y 18 meses de edad, es muy importante que los padres entiendan claramente las habilidades individuales, tanto físicas como emocionales así como la propia personalidad del niño. Es un error muy común de los padres que tienen hijos de esta edad hacer un juicio equivocado de las capacidades de sus hijos cuando deciden que ha llegado el momento de formar la mentalidad del niño. Al hacerlo, crean una situación que es frustrante tanto para ellos como para su hijo.
El niño entre lo 15 y 18 meses está lleno de frustración y su capacidad de lenguaje no está lo suficientemente desarrollada para poder expresar sus principales deseos y necesidades, muchos de los cuales le son negados de antemano. En consecuencia, los berrinches complicarán la capacidad del niño para sobrellevar la frustración extra de los padres al querer imponer su voluntad sobre el niño.
Le sugerimos los siguientes métodos para tratar con situaciones que impliquen un conflicto entre los padres y el niño durante esta etapa. Cuando ocurra un conflicto:
1. Cambien la escena cuantas veces sea posible. Mueva al niño hacia un lugar diferente y distraiga su atención hacia un objeto o una acción diferentes.
2. Entretenga al niño en algún tipo de actividad que tenga movimiento. Esto no quiere decir que el niño necesariamente tenga que moverse. A esta edad el niño disfruta de largos paseos en coche o a pie, lo que representa un constante movimiento. Igualmente efectivas son aquellas actividades en las que el niño pueda pasar largos ratos brincando o balanceándose.
3. Sea flexible tanto en sus horarios como en los de su hijo.
4. Trate de permanecer calmado y objetivo.
Los conflictos pueden reducirse al mínimo planeando las cosas de antemano y conociendo realmente a su hijo. Trate que la vida sea lo más confortable posible para su niño, sobre todo a esta edad. Cuantas veces sea posible. Controle sus alrededores de manera que el niño no llegue al límite de su paciencia. Si su hijo ha elegido una forma de desahogarse, como podría establecer un lazo efectivo en particular con algún objeto, lo mejor es no interrumpirlo. Sin embargo, lo más importante es que usted sea realista en aquello que espera de su hijo y sus habilidades.
lunes, 26 de abril de 2010
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